Huellas de una historia en movimiento

La tercera jornada de MUSOC se saldó con las entradas agotadas en el Niemeyer para ver el Oso de Oro del Festival de Berlín: Dahomey, de la cineasta franco-senegalesa Mati Diop, la primera directora africana en competir en la Sección Oficial del Festival de Cannes, con Atlantique. Su tío, Djibril Diop Mambéty, es uno de los realizadores senegaleses más conocidos de la historia del cine y la versión restaurada de su Hienas (1992) protagonizó una de las sesiones en 2021 del Ciclo de Cine Africano, iniciativa que amadrinaba la sesión del MUSOC. 

El Ciclo de Cine Africano es un festival que se celebra todos los junios en el Teatro Filarmónica de Oviedo y que proyecta largometrajes sobre y desde África, con el fin de mostrar la enorme diversidad y dinamismo del continente, lejos de los clichés unificadores de nuestro imaginario colectivo. La muestra está organizada por la Fundación El Pájaro Azul, una ONG con iniciativas de divulgación de la cultura africana, dentro de Asturies, y con proyectos educativos o de ayudas agrícolas, sanitarias, etc., en distintos países del África subsahariana. En representación de este colectivo, Vicente Montes, profesor de la Universidad de Oviedo y estudioso de la literatura africana, introdujo la película hablando de un determinado proceso de restitución en el que estuvo involucrado. 

Dahomey era la primera proyección de esta decimotercera edición del MUSOC en Avilés, pero también la primera actividad de una nueva sección: Silencios rotos, formada por obras que pretenden despertar conciencia sobre la memoria democrática del Estado español, en particular, y sobre la memoria histórica de diferentes territorios a lo largo y ancho del globo, en general. Es el caso de Dahomey, en su retrato de la pervivencia de ciertos males del pasado colonial francés en países como Benín.

Los colonizadores nos hicieron esclavos de nosotros mismos.

Dahomey es el nombre de un reino desaparecido, probablemente fundado en el siglo XVII y situado en la actual Benín. Esta monarquía, conocida por contar con un ejército de mujeres guerreras (las Amazonas) y por el comercio de esclavos, cayó en 1894, con el derrocamiento del rey Behanzi por parte de las milicias francesas, dos años después de que la metrópoli comenzara sus campañas militares. Había sido entonces, en 1892, cuando decenas de objetos reales del Palacio Abomey fueron saqueados por las tropas dirigidas por Alfred Dodds, general de brigada y Gran Oficial de la Legión de Honor. 

Desde 2006, muchas de esas obras acabaron engrosando la abundante colección del museo etnológico Quai Branly-Jacques Chiriac (París), cuyo catálogo, formado por más de un millón de piezas, incluye 70000 objetos del África subsahariana provenientes de antiguas colecciones del Museo del Hombre y del Museo Nacional de las Artes de África y Oceanía. Entre ellas, se encontraban tres estatuas antropozoomorfas que representaban, con atributos animales, a los últimos reyes de Dahomey: Ghezo (pájaro), Glélé (león) y Béhanzi (tiburón). El 9 de noviembre de 2021, fueron restituidas, junto a otras 23 obras, a Benín, siendo expuestas en una muestra en el Palacio Presidencial de Cotonú que tuvo que ser prorrogada por la gran afluencia de visitantes.

Dahomey es un metódico documental que retrata los pormenores, así como las reacciones y debates, que suscitó el citado proceso de restitución. Pero también es una obra poética en la que los monólogos fantásticos de la escultura del rey Ghezo, huella de un pasado en constante renovación, dotan de una subjetividad concreta a la realidad colonial colectiva. Mati Diop propone, con estos medios, una estimulante reflexión sobre el patrimonio, la cultura, los efectos del colonialismo o la memoria, que tuvo su estreno en Asturies en el MUSOC.

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