Una luz que no se apaga

Hoy el cine no es solo una pantalla; es un espejo roto que devuelve la dignidad de lo que muchas personas prefieren no mirar. En el marco del MUSOC 2026, se proyectó en el Centro Niemeyer de Avilés Ciudad sin sueño, una obra que camina sobre la delgada línea donde termina el asfalto de Madrid y comienza la resistencia de la Cañada Real.

La película nos narra la vida de Toni, un muchacho de quince años atrapado en el umbral de un mundo que se desvanece bajo el rugido de las excavadoras. No es solo un relato sobre la falta de luz eléctrica; es una elegía visual sobre el arraigo y el miedo a que el mañana sea un solar vacío. El director Guillermo Galoe transforma el barro en arte y el silencio en una pregunta punzante.

En esta Ciudad sin sueño, el abuelo de Toni se aferra a la tierra como si sus manos fueran raíces, mientras los derribos avanzan con la frialdad de un invierno que no acaba. La cinta, premiada en festivales como Cannes y Doha, busca la comprensión de una comunidad que, entre leyendas de infancia y noches oscuras, se niega a ser borrada del mapa.

«Guillermo Galoe transforma el barro en arte y el silencio en una pregunta punzante”.

La proyección vino de la mano de EAPN Asturies, cuya representante Rocío Álvarez recordó que lo que estábamos a punto de ver no es ficción, sino la herida abierta de nuestra propia sociedad. EAPN-AS (Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en Asturies) es una coalición de más de 50 entidades del tercer sector que trabajan unidas para ser el altavoz de quienes la sociedad, a menudo, decide no escuchar.

Forman parte de una red internacional nacida en 1990 que busca poner los Derechos Humanos en el centro de las políticas públicas. En Asturies, su labor es fundamental para tejer puentes entre las administraciones y las personas en situación de vulnerabilidad, luchando contra la aporofobia (el odio o rechazo al pobre) y el estigma social.

Ver esta película es asistir al rito de lo que resiste. Es entender que, aunque el suministro falte y las sombras se alarguen, hay historias que brillan con una electricidad propia, la del coraje humano. Un homenaje a la identidad y la cultura gitana que late con fuerza en el corazón de la periferia de la gran ciudad.

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