Cuando el “Cuarto Propio” se nos queda pequeño

El lunes 26 de Enero vivimos en la Escuela de Comercio la materialización de un sueño feminista, a través de la proyección del documental “Llámame Sinsorga”.

La Sinsorga es un espacio en pleno «Kasko Viejo» de Bilbao para la cultura y el pensamiento feminista, donde se sirve comida vegetariana, hay una tienda con productos diseñados y producidos con criterios feministas y una amplia programación cultural.Pero antes de convertirse en este espacio, era un centenario atelier de vestidos de novia. Cuando Andrea Momoito e Irantzu Varela, dos transgresoras periodistas, pasean un día ante su puerta y ven el cartel de “Se Alquila”, deciden, sin pensárselo mucho, embarcarse en el proyecto de este momento de sus vidas y reconstruir el espacio de arriba abajo para convertirlo en su propia “casa”. Y es que, como en un momento del documental comenta Irantzu Varela, “a mí el Cuarto Propio de Virginia Woolf ya se me queda pequeño, necesito un local de 4 plantas en pleno centro de Bilbao”. El sueño no cierra ahí, sino que, además, se proponen que la reforma integral del local se lleve a cabo solo con mujeres del sector de la construcción.

“A mí el Cuarto Propio de Virginia Woolf ya se me queda pequeño, necesito un local de 4 plantas en pleno centro de Bilbao”.

En el Diálogo posterior a la proyección, dinamizado por las madrinas de la proyección, el Coleutivu Milenta Muyeres, tuvimos el placer de conversar con Andrea Momoito, periodista y escritora vasca que forma parte de la asamblea de la revista digital feminista Pikara Magazine y cofundadora de La sinsorga; con Marta Gómez, cineasta bilbaína, directora del documental y productora de Al Borde Films y con Antía Seijas, encargada de la gestión cultural de nuestra Sinsorga patria, La Benéfica.

Las tres, cada una desde su realidad, representan la fuerza de lo comunitario para hacer revivir espacios, resignificarlos, bien desde la voluntad feminista o cultural, o las dos, para irrumpir en los territorios con un renovado sentido de orgullo y pertenencia colectivos. Y para dejar imágenes de ello.

Con las tres conversamos sobre la urgencia de la construcción de estos espacios o la importancia de los cuidados en los procesos. “Llámame Sinsorga”, es un documental elaborado con mimo, detallista y muy poético, que se construyó a la vez que se rehabilitaba el edificio y que fue pasando un proceso paralelo al de las obras, empezando por los tiempos. 

Como bien nos contaba Marta, el documental partía de la premisa de “si se puede hacer una obra solo con mujeres”. De ahí, se pasó a “vamos a ver si se puede hacer una obra con el mayor número de mujeres” para terminar en un “porqué no se puede hacer una obra solo con mujeres”. Pero como bien relata, no se trata de hacer un spoiler, sino que la fuerza y reivindicación política de la obra (la de ficción y la real) radica precisamente en poner en el centro ese “por qué”. Cuando ellos entran, desaparecen las obreras porque ya no pueden hacer su trabajo o aparecen los primeros destrozos innecesarios y previsibles. ¿Por qué? Pues entre otras cosas, como dice Andrea, “porque no nos escuchan”. Generar las condiciones para lograr el objetivo, no fue suficiente para solucionar el problema estructural: la obra no es “sitio para mujeres” y casi no hay profesionales del sector por la masculinización del mismo. Nada nuevo bajo el sol.

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