El salón de actos de la Escuela de Comercio (Xixón) se llenó, de nuevo, en esta decimotercera edición de MUSOC. El filme que la Muestra estrenaba en Asturies en esta ocasión era Simón de la montaña, fascinante, desafiante y polémica ópera prima del cineasta argentino Federico Luis, con la que ganó el premio a mejor película en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes.
La sesión fue amadrinada por el colectivo Berde, un proyecto de arte y transformación social asturiano que busca la creación de espacios de expresión a través del arte para personas con diversidad funcional. Ya el año pasado, MUSOCeduca contó con la proyección de Berde que te quiero ver, un documental que sigue a 16 adultos con diversidad funcional que encuentran y desarrollan su voz artística y creativa en un taller de realización de cortometrajes. Este año, Simón de la montaña era definida por Marisol Álvarez, socia fundadora de Berde, como una provocadora e inquietante historia que indaga en la búsqueda de la identidad y la diversidad funcional desde un punto de vista inhabitual, cuya mirada concuerda a la perfección con la idea y objetivos de su colectivo.
En este revelador coming of age, Lorenzo Ferro (El ángel) impresiona encarnando a Simón, un incomprendido joven que encuentra su lugar integrándose en un grupo de personas con discapacidad cognitiva. Atraído por sus libres y lúdicas reglas de socialización y sus modos de amar y divertirse, Simón comienza a “actuar”, imitando sus tics y movimientos corporales. Con esta premisa, entre lo tierno y la tensión incómoda en su ambigüedad, Federico Luis desmonta progresivamente nuestros prejuicios capacitistas más arraigados y propone una visión contrahegemónica de nociones como la de “capacidad”.
Un revelador coming of age que desmonta nuestros prejuicios capacitistas más arraigados
En el coloquio posterior, Federico Luis comentó que uno de los gérmenes del largometraje, que empezó a gestarse hace ocho años, fue un comentario de Pehuén Pedre, amigo del director y actor de la cinta, que tiene un certificado de discapacidad. Ante la dificultad económica de Federico Luis para viajar a Mar del Plata y tras una conversación en torno a sus zonas de imperfección compartidas, Pehuén le propuso sacarse un certificado de discapacidad para poder viajar juntos gratis. Reflexionando sobre las connotaciones de esta idea para la vida, la película empezó a concretarse.
En el encuentro, el generoso realizador también compartió su vital modo de entender el cine con espíritu de juego libre y de relación honesta con el equipo, antes que como una expresión cerrada de emociones o ideas preconcebidas y terminantes, y desveló algunos de los cuestionamientos a los que tuvo que enfrentarse en el camino, como esas paternalistas miradas moralizantes que censuraban tanto las acciones del protagonista como la presión que este trabajo actoral suponía en las personas neurodivergentes, muchas de las cuales tuvieron su primer contrato laboral gracias a la película. Miradas ante las que respondía, contundente: “Todas estas ideas que uno tiene previas sobre lo que estarían bien o no, de repente se chocan contra una persona real que te dice cómo se siente y qué quiere hacer y qué no quiere hacer”.
















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