Lleno total el primer lunes de MUSOC en la Escuela de Comercio, en Xixón, con la proyección del documental Les voyageurs (Los viajeros) del director camerunés David Bingong, relato de un grupo de viajeros que espera ansioso en la frontera entre Marruecos y España para alcanzar su soñada Europa. Bingbong, músico, y narrador de historias, mantiene viva la llama de la esperanza para todo el grupo con una cámara regalo de un amigo.
Son muchas las historias de vida que caben en 32 gigas, y cuyas voces y cantos resuenan como un poderoso gesto de resiliencia. La sesión estuvo amadrinada por el colectivo Afayaivos, espacio seguro que rompe barreras lingüísticas y culturales y que sirve de punto de encuentro, alrededor de una taza de café, para ofrecer una cálida acogida a personas recién llegadas a la ciudad.
Me gusta pensar que este documental contribuye a desactivar el mensaje de que somos una amenaza. Somos seres humanos, no números, y únicamente aspiramos a una vida digna y a cuidar de nuestras familias.
Tras la proyección del documental, Guillermo Martínez de Afayaivos dinamizó el encuentro del director con un público entregado y ávido de respuestas. David Bingong, como el griot que es (narrador, historiador, músico y poeta tradicional que en África preserva la historia y la cultura oral de su pueblo) pronto se metió al público en el bolsillo. “Me gusta pensar que este documental contribuye a desactivar el mensaje de que somos una amenaza. Somos seres humanos, no números, y únicamente aspiramos a una vida digna y a cuidar de nuestras familias”. Los mensajes de odio que buscan identificar a la población migrante con mafias, criminales o invasores se expanden como el gas. Sin embargo, David Bingong cierra la válvula y abre las ventanas de par en par para ventilar con respuestas raudas, enérgicas y siempre en positivo. Ante una pregunta del público que le planteaba quién le había animado a venir a Europa, Bingong no dudó: “No sería quién, si no qué. No hay una persona con nombres y apellidos que nos organiza para abandonar nuestro país de origen. En 1998, en mi pueblo en Camerún, toda la comunidad pudimos disfrutar de la copa del mundo de fútbol con el televisor recién traído de Europa de unos vecinos. Para mí eso era Europa. La idea de un lugar de libertad y oportunidades del que podías traerte un televisor para hacer feliz a un pueblo”.
Un poco más felices nos fuimos también de la Escuela de Comercio, contagiadas por la energía, positividad y entereza de David incluso en los momentos más duros, y, cómo no, por los ritmos africanos que pueblan el documental y que hoy nos siguen sacudiendo el cuerpo. Muestra de ello es el tema compuesto por el director para la película… ⬇️


















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