El Café de Macondo nunca defrauda, abarrotado como estaba de un público ávido por adentrarse en el territorio mágico de mujeres que, en tiempos oscuros, ya se refugiaban en prácticas disidentes y no se quedaban en casa bordando con la pata “quebrá” como el nacional catolicismo esperaba. Las mujeres sicalípticas eran divas que, en la España de principios del siglo XX, usaban la picardía y el doble sentido erótico para subvertir las normas sociales y reivindicar la libertad femenina, fusionando el espectáculo en una suerte de «protofeminismo» transgresor. Esta sesión de los Diálogos Visibles fue amadrinada por Radio Kras, emisora comunitaria abierta a quienes no tienen voz en los medios convencionales, movimientos sociales y a quienes piensan que otra comunicación es posible. Acaban de cumplir 40 años, demostrando lo necesarias que son, emitiendo en el 105 FM de Xixón y también desde su web, para todo el planeta. Y qué certero que una radio acogiera este acto, con todo el impacto de este medio en la copla y el cuplé, y en el despertar de tantas mujeres del siglo pasado que veían en las divas lo que, en el fondo, y tan lejos de sus propias vidas, ellas aspiraban a ser.
Las mujeres sicalípticas no solo subvertían el orden moral, sino que rompían las barreras de clase.
Este diálogo lo protagonizaron dos mujeres con la potencia de dos géiseres naturales y con el tronío de las divas que tanto admiran: Inés G. Aparicio, directora del delicioso cortometraje de animación La diva, mi abuela y yo, y Lidia García, doctora en Historia del Arte, investigadora, experta en copla y autora del podcast Ay, campaneras. La primera nos llevó, a través de su película, que pudimos visionar previamente, a la memoria de las canciones de Lilian de Celis que tarareaba su abuela, como Batallón de modistillas; la segunda hizo un recorrido por algunas de las biografías de estas mujeres que no solo subvertían el orden moral, sino que a menudo rompían las barreras de clase (como Concha Piquer, quien pasó de robar las patatas de sus vecinos en su Valencia natal a relacionarse con lo más granado de Broadway); Lidia repasó el papel histórico de las artistas como “informantes”, como es el caso de la Goya, cupletista de buena cuna que fue amante de Alfonso XIII, por lo que nuestra Mata Hari patria tuvo acceso a información sensible del momento. Lidia nos ayudó a reinterpretar el sentido de estas letras, censuradas durante el franquismo, como Tatuaje, o La chica del 17, sus dobles sentidos sexuales y las trágicas historias que escondían.
Una de esas sesiones, como nos gusta decir, que son “Muy MUSOC”. El público asistente “salió del armario” y una de las frases más escuchadas fue: “Me encantaba la copla pero me avergonzaba reconocerlo, pues en mi contexto se supone que debía escuchar canción protesta o rock’n’roll”. Y hubo sorpresa final, entre el público se encontraba Rodrigo Cuevas, responsable de la banda sonora del cortometraje. Inés llamó por teléfono a Lilian de Celis, a punto de cumplir X años (jamás se dice la edad de una diva) y todo el público, con Rodrigo al piano, cantó el “cumpleaños feliz” que luego además derivó en una continuación con algunos clásicos del cuplé. Una sesión para no creer, de la que por suerte quedan para la historia documentos gráficos varios.



















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