Antonia, el personaje que Lucía Casañ escribió para protagonizar su película UnBany propiestaba clara desde los inicios. Una ama de casa con aspiraciones intelectuales a la que le llega una inesperada herencia de una familiar lejana.
La libertad económica la libera no solo de sus responsabilidades matrimoniales sino que la empuja a creer en sí misma y atreverse a convertirse en escritora o, al menos, intentarlo.
Una historia que podría parecer verosímil pero que atravesada por el filtro creativo de su autora se convierte en un ejercicio de originalidad formal que juega tanto con el humor como con la ternura en el espacio y el tiempo.
El detonante que nos coloca frente a una historia diferente, rara en palabras de la propia directora, comienza ya en la primera escena. Un increíble cuarto de baño construido específicamente en plató para la película y que será a lo largo de la misma un personaje más, dotando de fetichismo a la protagonista y a toda la obra.
Antonia, inspirada en su abuela y todas las renuncias que, como mujer de su época, tuvo que asumir no era el único personaje que encontraba en la familia de Lucía referencias claras. El personaje masculino principal, marido de Antonia, además de llevar el nombre del abuelo de Lucía Casañ, Alfredo, está igualmente inspirado en el mismo. Un hombre clásico que no supo comprender ni acompañar a su mujer en su búsqueda de libertades, pero al cual la autora reconoce, justifica, comprende y perdona en el mismo ejercicio de realización del filme.
Durante el hermoso coloquio guiado por Esperanza del colectivo feminista mierenseY les cames sin facerpudimos escuchar como el Alfredo actual se ha convertido en cuidador de una mujer que lo hizo por él toda la vida, reconociendo egoismos vitales y confesando a su nieta, en parte gracias a la película, los desajustes de las relaciones de género que nos han marcado y los siguen haciendo a la hora de relacionarnos. En palabras de la propia autora, se reproducen hoy en día en las relaciones de apego sentimental. “Cuando Antonia se acerca a Alfredo y viceversa, la cámara se desenfoca, ninguno es capaz de ver al otro con total claridad y así entiendo yo el amor”.
Lucía Casañ regaló al público una serie de inspiradoras reflexiones que ampliaban el foco de la película hacia puntos de fuga que nos afectan a todas y lanzando un mensaje positivo final tan aplaudido como compartido por el patio de butacas que se marchó sonriente y con el corazón contento en la última sesión de MUSOC en Mieres, el pasado miércoles veintiséis de enero.