La directora lituana Saulè Bliuvaitè arrasó en el Festival de Locarno (Leopardo de Oro, mejor ópera prima y premio ecuménico) con Toxic, un crudo y fragmentario relato de las vivencias de Marija y Kristina, dos adolescentes de una escuela de modelos dispuestas a forzar y modificar sus cuerpos para escapar de su desolada, asfixiante, decadente, contaminada y marginal ciudad industrial. La película se estrenó en Asturies en el Centro Polivalente Integrado de Llugones (Siero) gracias a MUSOC.
Allí se reunieron unas 40 personas para ver este largometraje que aborda de manera poco edulcorada cuestiones como el abandono, la anorexia, la autopercepción del cuerpo o la violencia sexual. La proyección fue presentada por Tárik Laurent, presidente de Biodevas, una asociación socioambiental que, desde un enfoque positivo y colaborativo, lleva a cabo proyectos de concienciación ambiental y de promoción, conservación y recuperación del medio natural asturiano.
Cuando tenía 13 años, era muy popular que las chicas adolescentes se inscribieran en agencias de modelos. Yo participé en estos castings. Todas teníamos el mismo aspecto en esta fábrica de chicas (Bliuvaité)
Bliuvaitè se inspiró en sus propias experiencias de adolescencia en su Kaunas natal, segunda ciudad más grande de Lituania e importante centro industrial en la etapa soviética, para construir un sórdido fresco social con un estimulante despliegue formal que convierte en inesperada la imagen que seguirá tras cada corte de montaje y que, en su feísmo, regala momentos de gran belleza e inaudita dulzura. Como los de ese inesperado vínculo entre las protagonistas que se transforma en el corazón de este coming of age, en un oasis de esperanza y amor frente a la miseria y la toxicidad imperante.











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