Que nadie pueda decir que no lo sabía…

La Llibrería Café La Llocura de Mieres nos abrió sus puertas en la fría mañana del domingo 18 de Enero para acoger la segunda sesión de La Palabra Filmada de esta edición de MUSOC, dedicada a Palestina. Se proyectó el cortometraje “El ressó de la mirada (El eco de la mirada)”, dirigido por Carles Bover. El corto es una pieza formada por imágenes descartadas de hace diez años, donde el director reflexiona sobre el peso de filmar el dolor, la ética del cine y sobre el poder transformador real de las imágenes. El documental abre con la mirada perdida, en shock, de un niño “cuya infancia se ha roto, cuya infancia ya no existirá más”. Es el rostro de una criatura que ha perdido a su familia en un bombardeo, del que tuvo que ser rescatado entre los escombros. Entre el público hay quienes apartan la mirada, quienes comentan la imagen y el sentir general es el de la dificultad de recibir y soportar tanto dolor. 

Esta reflexión le sirve a Paula Huerga, dinamizadora de la sesión e integrante de la Asociación Amigos de Mieres, organización que amadrinó esta actividad, para comenzar el coloquio con nuestra invitada, Beatriz Lecumberri, autora del libro “Palestina, la tierra estrecha”, un retrato íntimo a través de crónicas y experiencias en primera persona de una Palestina donde el dolor, la injusticia y la resiliencia se entrelazan. Siguiendo el hilo de reflexión que ofrece el corto, Paula pregunta a Beatriz qué espera de las personas que leemos su libro, ¿qué entendamos más o que pensemos mejor?

Para ella es claro. En un momento en el que es muy difícil captar la atención del espectador, en el que la capacidad para empatizar con la desgracia es limitada y en el que se ha deshumanizado tanto a la población palestina, por parte del Estado de Israel, su objetivo es que “nadie pueda decir que no lo sabía”.

La única forma que encuentra para lograr ese objetivo es hablar de personas con nombres y apellidos. El odio y desconocimiento que ha construido el Gobierno de Netanyahu (y anteriores, recuerda que el genocidio no comenzó en Octubre de 2023) hacia la población palestina, le está funcionando muy bien; la mayor parte de la población israelí no quiere saber, su prensa y televisión no cuentan nada, las voces disidentes se censuran. En esa ignorancia querida, se disfruta la impunidad. El cambio cuando se relata desde la perspectiva de las personas es que los impactos del bloqueo israelí se visibilizan.

Es importante documentar desde la perspectiva de género para visibilizar la importancia de los trabajos en red de las mujeres y su apoyo mutuo.

Así, Beatriz nos relató las dificultades de la población palestina para recibir asistencia médica básica, tratamientos de quimioterapia o radioterapia, que deben ser autorizados por las autoridades israelíes, medicación para enfermedades crónicas, dificultades para obtener permisos para salir de la Franja a recibir esos tratamientos (todo ello ya antes de 2023). A las trabas propias, para las mujeres, se suma la condición de su género, los problemas para los desplazamientos solas, el peso de ser el sostén de sus familias. Recalca la importancia de documentar desde la perspectiva de género para visibilizar la importancia de los trabajos en red de las mujeres y su apoyo mutuo. El contacto directo con sus fuentes y compañeros y compañeras en el terreno, ante la imposibilidad de estar presente por no permitírseles el acceso, le permite seguir documentando, consciente de que, desde la distancia, no está haciendo un buen periodismo. Recuerda el asesinato de más de 200 periodistas desde 2023.

Sin embargo, puede documentar (pues así considera que hace justicia al relato, con datos que no puedan ser refutados), que aún en el exilio y en condiciones escasísimas, la población palestina, tras el mal llamado alto al fuego, lo primero que está haciendo es tratar de reconstruir su sistema educativo, inédito en Oriente Medio. La educación es vista por la población como un fin en si mismo, aunque no existan las oportunidades laborales. 

Al igual que reflexiona Carles Bover, Beatriz también se pregunta si su labor periodística puede cambiar la vida de las personas. Duda, pero tiene claro que su camino es el de seguir contando sus historias, mientras quieran que sean contadas, como la de un hombre que, tras el asesinato de sus tres hijas, pide que sus nombres no se borren de la historia y que aparece en el libro. Y agradece enormemente la generosidad de los Palestinos y Palestinas que le relatan los testimonios de sus vidas cotidianas. 

Como también los testimonios, muy escasos, pero que existen, de organizaciones israelíes de defensa de los derechos humanos que denuncian los excesos del ejército israelí y que tienen muy difícil su trabajo. El estado de Israel no permite que se sepa, por ejemplo, que muchos de sus militares rechazan volver a la Franja de Gaza, que existen informes psicológicos de daños emocionales gravísimos o que la tasa de suicidio entre ellos ha aumentado desde 2023. El público le pregunta qué sostiene en la actualidad a la población palestina.  Beatriz nos cuenta, con emoción, que, pese a todo, se sostiene la esperanza. El pueblo palestino sigue haciendo un esfuerzo inmenso por restaurar la vida.

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