La poesía visual de Estrany Riu

Segundo domingo de lleno absoluto en la sala Fran Gayo del Niemeyer, en Avilés, con la proyección de Estrany Riu, del director Jaume Claret. Aunque estaba prevista su presencia en Asturias, un asunto de última hora le impidió viajar; en cualquier caso, tuvimos el placer de conversar con él por videoconferencia después de la proyección. La sesión fue amadrinada por XEGA, veterana asociación asturiana que milita contra la discriminación del colectivo LGTBQ+ y por el reconocimiento social y jurídico del derecho de todas las personas a vivir de acuerdo con su orientación sexual e identidad de género.

Estrany Riu, con las excursiones familiares con el Danubio como escenario inspiradas en su infancia, es una película “coming on age” que tiene como protagonista a Dídac, de dieciséis años, el mayor de tres hermanos, y su despertar sexual. Claret describe su obra como una película sobre la educación sentimental, no tanto centrada en el conflicto clásico de descubrimiento de la homosexualidad, sino en un sentido más global, analizando las relaciones y los afectos entre padres e hijos y cómo pueden aprender unos de otros en esta etapa de crecimiento y transformación.

No quería hacer la típica película sobre “salir del armario”, sino sobre la sexualidad en su totalidad y cómo fluye durante la adolescencia

Jaume está nominado en los Goya a mejor dirección novel y el debutante Jan Monter, que interpreta a Dídac, a mejor actor revelación. En la conversación se abordaron algunas cuestiones de fondo, como la masculinidad frágil que se refleja sobre todo en la relación de Dídac con su hermano mediano, y otras de índole más técnica y estética. “Jan Monter es un gran actor, y al mismo tiempo es un chico de pocas palabras. Así que esos silencios, tan expresivos en la adolescencia, eran una parte que me interesaba explotar en la película. Yo no quería que Jan “interpretara” la adolescencia, sino que la habitara. El abordaje de su personaje, más que desde una dirección tradicional rígida, fue un muy cercano, progresivo y basado en la confianza. Así fue con el resto de los actores, en cierta forma nos completábamos y aprendíamos unos de otros, siendo todos conscientes de nuestras propias limitaciones y de las de los demás”.

Estrany Riu se rodó en 16 mm. Esto no fue solo una elección técnica, sino narrativa y emocional, buscando una imagen más orgánica, física y sensorial, alejada de la perfección del cine digital. Este formato aporta una textura viva, imperfecta, que conecta directamente con el paisaje y también con el estado interior de Dídac: una adolescencia en transformación, llena de dudas y contradicciones. Además, por tratarse de un formato más caro y limitado, obliga a rodar a los intérpretes con una mayor concentración y menos repetición de tomas. Esto favoreció interpretaciones más espontáneas y momentos captados casi como instantes reales, y no como escenas construidas.

En resumen, asistimos en esta tarde en Avilés al crecimiento íntimo de un adolescente narrado a través del agua de un extraño río, del cuerpo y del silencio. Una delicia para los sentidos.

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