Las insatisfacciones de la vida moderna y el adulterio necesario

MUSOC vuelve un año más a Llanes de la mano del Colectivu feminista de muyeres rurales del oriente, siempre implicado en la promoción de los derechos de las mujeres y colaborando con esta muestra de cine que también tiene este objetivo como fundamental. Begoña Collado nos presentó tanto al colectivo como la película que estábamos a punto de ver.

El aroma del pasto recién cortado, un filme que cuestiona la institución matrimonial y los roles de género, es la primera película adulta de una de nuestras cineastas argentinas favoritas: Celina Murga. En sus anteriores creaciones, la directora paranaense, nos había mostrado siempre universos adolescentes en películas aireadas, frescas, en las cuales podíamos sentir el sol y el viento de las historias de verano.

Desarrollada esta vez alejada de su tierra natal, Paraná, sigue transmitiendo esa esencia de ciudad de tamaño medio donde la vida transcurre más plácida y tranquila aunque no exenta de drama doméstico, ya que asistiremos al cuestionamiento del matrimonio como institución imperfecta y llena de problemas inherentes al desgaste de los sentimientos y la convivencia, pero también atacada por elementos externos que la atraviesan en clave de deterioro como, el desempleo, la frustración laboral, la rutina, o la situación de un país que vive la incertidumbre de un relevo político altamente inquietante.

Todo puede pasar en una película de Celina Murga, desde conocer al amor definitivo a través de amores circunstanciales hasta reconciliarse con la vida, o desengañarse de ella, redescubrir el sexo, el amor o la amistad. En todos sus films, algo cambia para continuar con la vida como siempre. Eso sí, con unas enormes gafas violeta.

El aroma del pasto recién cortado está articulada como dos historias independientes (de hecho, así fueron rodadas, una tras otra) que, a partir de un minucioso trabajo de guion primero y de edición después, se van narrando de manera intercalada para que funcionen a modo de espejos. Incluso las localizaciones fueron realizadas de forma compartida. El apartamento de cada pareja fue el mismo, remodelado por el departamento de arte de la película.

La película nos muestra a dos parejas, Pablo – Carla y Natalia – Hernán,  que tienen en común la profesión de ambos protagonistas (Pablo y Natalia), profesores universitarios, docentes en Agronomía y que a los pocos minutos del relato iniciarán sendos affaires con alumnos.

Pero la película de Celina Murga no va de infidelidades, ni sobre la demonización que de ella se haría desde una moralidad conservadora. Más bien nos presenta una más que interesante reflexión sobre cómo se construyen relaciones de poder y, sobre todo, cómo se aceptan o juzgan comportamientos similares según el género, a partir de los prejuicios y mandatos culturales, miradas patriarcales más presentes probablemente en nuestra mirada que en la de la directora, que sí que incluye en la suya algunas enseñanzas surgidas al calor de la marea verde argentina y el auge de los discursos feministas.

El cine argentino vive momentos difíciles para el futuro de una producción que nunca ha sido especialmente fácil, en un país que con pocos medios nos ha traído a las pantallas múltiples muestras de talento. El presidente Milei está más que dispuesto a ponerlo muy difícil, tanto que ya son muchos los directores y directoras que están recurriendo al apoyo exterior, como es el caso de esta coproducción con Uruguay, México, Alemania y Estados Unidos, en la que además Celina Murga volvió a contar con el apoyo de un tal Martin Scorsese como productor.

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