La Universidad de Oviedo fue por primera vez sede de MUSOC con la proyección, en el Salón de Actos de la Biblioteca de Humanidades, de la cinta turca Dormitory, ópera prima del prolífico cortometrajista Nehir Tuna estrenada en la sección Orizzonti del Festival de Cine de Venecia. Ante las 75 personas que asistieron a la sesión, Esteban Agulló, director del Área de Cooperación, Tercer Sector y Responsabilidad Social de Uniovi, agradecía y expresaba su deseo de continuar con esta colaboración en futuras ediciones.
El acto fue amadrinado por el Cineclub del Milán, una iniciativa “orgullosamente pequeña”, surgida hace año y medio y formada por un grupo de alumnos de la Facultad de Filosofía y Letras de Oviedo, que ha programado ciclos cinematográficos sobre temas como la maternidad en el cine de terror, la transición española, el cyberpunk o historias de confinamientos. Su equipo actual, formado por Iker, Pelayo, Álvaro y Jana, comentaba en la presentación que su objetivo era crear un punto de encuentro de la cinefilia estudiantil asturiana, un espacio seguro y amigable en que debatir, descubrir y revisitar películas. Películas como Dormitory.
Nehir Tuna se inspira en su propia experiencia como colegial durante cinco años en un Yurt, un internado religioso musulmán, para crear una coming of age con ecos a Los cuatrocientos golpes (Truffaut) u Oliver Twist (Dickens). Graduado en Cine por la Universidad de Colombia y director de siete cortometrajes previos, Tuna ambienta prolijamente el proceso de autodescubrimiento rebelde del protagonista, Ahmet, en el otoño de 1996, seis años antes del triunfo de Erdoğan. Un turbulento y polarizado momento de la historia turca en que crecían las tensiones entre religiosos islámicos (como la secta Aczmendi de la comunidad Nur, nombrada en la cinta) y nacionalistas turcos laicos (bajo los principios modernizadores de Mustafa Kemal Ataürk, fundador y primer presidente de la República de Turquía, alabado por nazis y fascistas).
Mamá, ¿quién es más grande, Ataürk o Dios?
Ahmet (interpretado atinadamente por Doğa Karakaş) se encuentra encerrado entre estos dos sistemas o mundos que compiten por su fidelidad, asistiendo a la escuela laica obligatoria, pero viviendo en un yurt bajo las órdenes de su violento padre (recientemente convertido al islam), y sufriendo la estigmatización en el primer entorno y el totalitarismo disciplinario en el segundo. El blanco y negro de la preciosista dirección de fotografía bien podría reflejar el maniqueísmo de ambas concepciones, que coartan la libertad de un joven profundamente reprimido, también en lo que respecta a su sexualidad.
Y esta represión de un personaje que encuentra una fugaz salida en un amor tan filial como, sobre todo, homoerótico, fue uno de los temas centrales de discusión en el debate posterior a la proyección. Una atracción amorosa que se va “cocinando” a lo largo de todo el metraje y que encuentra su mayor expresión en el emocionante uso de canciones como Ma Che Freddo Fa, de Nada. En el animado debate, el público también comentó las similitudes entre el modelo educativo del internado y el del franquismo o se preguntó por las ambigüedades y las especificidades del contexto socio-histórico del filme.






















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