Fantova y ese cine que nace desde otro lugar

Otro martes de frío invierno para que las luces de la sala de cine del Auditorio de Siero se apagasen ante 70 personas que se acercaron a conocer a una joven veinteañera bilbaína de nombre Jone, y recorrer con ella un tiempo en el que, a veces, se siente libre y, a veces, se siente atrapada. Previamente Ye too Ponese amadrinó y presenté esta proyección, convirtiéndose ya en uno de los colectivos más veteranos e imprescindibles que acompañan año tras año este proyecto.

En MUSOC podemos decir que ya hemos desarrollado una auténtica a adicción a lo que podría denominarse la factoría ESCAC. No solo en películas sino también en lo que se refiere a las directoras que surgen de esta escuela. Julia de Paz, Liliana Torres, Mar Coll y ahora Elena Fantova, son solo algunos ejemplos de algunas de las cineastas que nos han regalado grandes y gratas sorpresas año tras año en nuestra muestra, procedentes de esta escuela de cine catalana que se ha convertido, sobre todo, en una factoría imparable de talento femenino en los últimos años. La empírica confirmación de que el talento sobra, lo que a menudo falta son las oportunidades.

Poder ver y disfrutar su cine es un lujo, pero más importante aún es que tengamos referentes femeninos para comprobar que se podía hacer, un espejo en el que las adolescentes y las jóvenes que aspiran a ponerse detrás de una cámara se puedan mirar. El pasado año Mar Coll pasaba por la programación de esta muestra con Salve María, sin duda el sorpresón de la temporada; y este año Jone, a veces se presenta como una  ópera prima honesta, sensible y repleta de energía. Un relato fílmico sobre la vida de una postadolescente que en pleno autodescubrimiento de sí misma tiene que lidiar con el kit completo de los cuidados en una compleja, y a ratos sofocante, situación familiar.

Eso sí, en general la filmografía de esta nueva generación de magníficas directoras cumple con creces los requisitos del famoso test de Bechdel: que haya dos personajes femeninos, que mantengan una conversación entre ellas y que esa conversación no gire en torno a los hombres. Por eso, entre otras muchas cosas forma parte de nuestra sección Hijas de Guy.

¿Qué tienen en común las películas de las mujeres de la ESCAC? Pues que están construyendo en sus películas, por fin, personajes femeninos de auténtica complejidad. Si hasta hace poco las «narrativas femeninas» que de manera natural están en el epicentro de la obra de la mayoría de estas cineastas, podían resultar un obstáculo ahora, poco a poco, comienzan a convertirse en la mayor de sus fortalezas. Y tal afirmación no es una fábula, es una realidad avalada cada vez más por los palmarés de los distintos festivales internacionales, por las secciones oficiales, por los pequeños pero significativos cambios que comienzan a percibirse en la industria… 

Notas sobre un duelo no procesado, la incomunicación familiar, la necesidad de unos cuidados emocionales que sostengan y acompañen, y la pasión de una vida que no acaba de arrancar por el peso y la responsabilidad.

Pero volviendo a Jone, parece que las películas como esta son pelis de mujeres, porque son más pequeñas, o porque son más intimistas, o porque van de conflictos más íntimos,  como si eso a los hombres no les afectase o no les pudiese apelar, cuando no hay nada más universal que el miedo a quedarse solo, a que siendo aún muy joven y desaparezca tu madre, tu padre… que no te quede nadie. Ser joven y sentir la sensación de profunda orfandad atraviesa el género, hablar de la muerte, hablar de los cuidados, de cómo nos relacionamos con eso, del miedo que nos da, no es solo cosa de mujeres, pues nadie es inmune a ello. 

Esta película habla de la trascendencia de la vida y la muerte, de los cuidados y de la enfermedad de manera que invita a una profunda reflexión de cómo nos acercamos o abordamos todos estos temas en nuestra sociedad. Es puro pensamiento crítico, ético, moral, humano y humanizado.

Lo que no deja de ser verdaderamente chocante es que para Sara Fantova las tres razones para rodar esta película eran: hacer una película de bolleras en Bilbao, que la historia transcurriese en plena  Aste Nagusia, (esa Semana Grande tan indiscutible referente de las ya defenestradas Fiestas de San Mateo de Oviedo), y la lectura de los diarios de su padre, personaje al que da vida nuestro recio y siempre eficaz Josean Bengoetxea, un viejo conocido en nuestra casa por aquel personaje de carnicero despieza-pollos de La mano invisible hace ya muchos MUSOC.

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