De sororidades transfronterizas

Todos los años tratamos de buscar nuevos espacios donde llevar MUSOC y en 2025 no iba a ser de menos. El Centro Polivalente Integrado de Llugones (Siero) acogió por primera vez una sesión de la muestra con la proyección de Mond, entretenido e intrigante thriller de la cineasta iraquí Kurdwin Ayub. Más de 50 personas asistieron al pase, incluido en Creadoras mirando al sur, sección que agrupa obras de directoras que, con una mirada crítica en clave de género, reivindican la libertad de las mujeres para decidir sobre sus vidas sin condicionantes sexistas.

La sesión fue amadrinada por Biodevas, asociación socioambiental formada en 2017 para, desde un enfoque positivo, generar conciencia en torno a las problemáticas ambientales de Asturies, vinculándolas a las condiciones de vida, libertad o participación social. Tárik Laurent, presidente de Biodevas, expresó en la presentación de la película el deseo de estrechar la colaboración con la MUSOC en próximas ediciones. 

Mond es un intrigante thriller que acaba por poner el foco en la sororidad como un medio de conexión y efímera esperanza con la que trascender fronteras

Premio Especial del Jurado en el Festival de Locarno, Mond cuenta la historia de Sarah, una luchadora de artes marciales mixtas en horas bajas que recibe y acepta una inesperada oferta: ser la entrenadora personal de tres hermanas de una acaudalada familia en Jordania. Pero, una vez en el país, se encuentra con una realidad inquietante: sus pupilas bajo vigilancia constante, mostrando interés en el deporte solo como herramienta defensiva, la prohibición de acceder a ciertas habitaciones, etc. 

Con “realista” cámara en mano, una puesta en escena feísta y un juego con la repetición rutinaria y los paralelismos, la directora de Sonne (proyectada en MUSOC, hace un par de años) encuadra en primeros planos el viaje emocional de una poco resolutiva protagonista que, ante el choque de descubrir la represiva y carcelaria familia patriarcal que la hospeda, se ensimisma sin saber qué hacer. Con ella, nos planteamos: ¿cuál es nuestro margen de acción?, ¿hasta dónde llega nuestra responsabilidad individual ante lo que percibimos como injusticias colectivas ajenas?, ¿sería actuar una forma de intervención invasiva que empeoraría la situación? 
Indagaciones aún más difíciles de resolver cuando, aún lejos de ciertos prejuicios islamófobos que enuncia algún que otro personaje austriaco (perteneciente a una sociedad no ausente de sexismo y misoginia), el entorno fuera de la familia no parece ofrecer salida. Aún sin respuestas definitivas ni recetas infalibles, Kurdwin Ayub acaba por poner el foco en la sororidad como un medio de conexión y efímera esperanza con la que trascender fronteras.

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