La directora franco-tunecina Erige Sehiri nos deslumbró con Entre las higueras (2023) y ahora regresa a MUSOC con Prometido el cielo, otra gran película que pone en el centro lo que habitualmente está en la periferia, en este caso las vida en Túnez de mujeres migrantes procedentes de África subsahariana.
El Ciclo de Cine Africano amadrina Prometido el cielo, siendo Inmaculada González- Carbajal (presidenta de la fundación que lo promueve, El Pájaro Azul) quien presentó la película ante las más de 200 personas que asistieron a la proyección. Una película que no se había podido ver hasta ahora en Asturies, que inauguró la sección Un Certain Regard en Cannes 2025.
Muchas personas tunecinas emigran hacia Europa, pero lo cierto es que Túnez se ha convertido también en un punto de atracción para personas procedentes de otros países africanos, en muchas ocasiones como paso intermedio hacia Europa. Desde hace años, las autoridades tunecinas dan prioridad al control migratorio a costa del derecho internacional, con el apoyo y complicidad de Europa, que celebra una reducción significativa de llegadas irregulares de personas por mar desde Túnez desde 2024.
Me han prometido el cielo pero, por ahora, estoy en la tierra
La situación de acoso hacia las personas migrantes se ve claramente en la película. Las protagonistas son tres mujeres marfileñas que conviven en una casa-refugio a la que llega una niña superviviente de un naufragio (suponemos que mientras emigraba con su familia). Estas mujeres sienten cada vez más profundamente la represión en forma de arrestos por motivos raciales, convirtiendo su situación personal en extremadamente vulnerable, lo que les hace replantearse sus decisiones vitales y dudar de si las perseverancia las conducirá hacia sus sueños.
La vulneración de los derechos humanos de las personas migrantes para evitar la entrada en Europa y la incitación al racismo nos suenan demasiado cercanos como para que Prometido el cielo nos resulte ajena. Ojalá la vida de Marie, Jolie, Naney, Kenza…y tantas otras y tantos otros no nos sean nunca indiferentes.


















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