La vorágine diaria de Souleymane

MUSOC, una vez más, ha estado este año, en su decimotercera edición, en el Nuevo Teatro de La
Felguera donde 140 personas se dieron cita este jueves para disfrutar de La Historia de Souleymane del
director francés Boris Lojkine. Ganadora del Premio del Jurado de la Sección Oficial Un Certain Regard
en el último Festival de Cannes. Entre el público, un grupo de jóvenes del Centro de Refugiados de
Sotrondio, que sin duda, se verían identificados con lo visto en pantalla. La historia nos transporta a la vorágine de la capital francesa y a la de sus gentes a través de Souleymane, su protagonista, un migrante guineano, interpretado por Abou Sangare, que ya ha visto premiado su papel en diversos festivales; Premio del Cine Europeo (EPA), Festival de Cannes (Un Certain Regard) y el pasado Noviembre en el Festival Internacional de Cine de Xixon (FICX).

Nos acompañaron amadrinando la película No Name Kitchen, organización que ofrece asistencia médica, ropa, alimento y asesoría legal a personas en tránsito migratorio en pasos fronterizos y que denuncia los abusos por parte de las autoridades en lugares como Patras (Crecia), Sid (Serbia), Velika Kadusa (Bosnia), Ceuta, Melilla o allí donde sea necesario. También Intervalo que trabaja con personas migrantes en Asturias intentando cubrir sus necesidades básicas, asesorar acerca de su situación tanto administrativa como laboral y familiar, acompañando a estas personas durante todos estos procesos. Ambos colectivos se hicieron eco del trágico suceso que tuvo lugar este mismo Jueves 16 de Enero, en el que al menos 50 migrantes murieron en una patera con destino a Canarias.

No tengas miedo, sabes por lo que has pasado

Souley de París, como lo llaman sus compañeros, trabaja sin pausa, montado en su bicicleta como
repartidor clandestino de comida, de aquí para allá, con un ritmo rápido y frenético con la intención de
reunir suficiente dinero para conseguir sus papeles, y todo mientras prepara su entrevista de solicitud de asilo. Boris Lokjine nos muestra un París poblado de personas migrantes a través de actores no profesionales, cuyas vidas diarias, incesantes e intensas nos proporcionan un continuo sentimiento de peligro, de obstáculos y nos encara con las desesperantes situaciones que viven, su lucha diaria, en condiciones, en muchos casos infrahumanas, para conseguir su sueño. Desgraciadamente, la ciudad de la luz es implacable y parece comérselos. La cámara, imparable y lúcida en todo momento, está presente siguiendo a Souleymane, enfocándolo y a la vez desenfocando todo lo que le rodea, sin cesar, y así mostrarnos su realidad cotidiana y la de estas personas migrantes que llegan a Europa y se enfrentan a la dura batalla de sobrevivir en medio de un sistema capitalista feroz y desgarrador que los atrapa entre sus fauces beneficiándose de su vulnerabilidad, debilidad y falta de oportunidades. Empatizar con Souleymane y su desesperación no es difícil, cabe preguntarse cómo alguien puede sobrevivir a semejante situación agotadora. ¡Suerte Souleyumane!

Con la colaboración de:

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