MUSOC, ya en la recta final de su decimocuarta edición, presentó la película El agente secreto, un thriller político del director brasileño Kleber Mendonça Filho en el Teatro José León Delestal de la Felguera este jueves 29 de enero, con una muy buena afluencia de público a pesar de que las condiciones climatológicas no eran del todo favorables.
La película, aclamada por la crítica como una de las mejores de este año, se alzó con los premios a Mejor Director (Mendonça Filho) y a Mejor Actor (Wagner Moura) en el Festival de Cine de Cannes de la pasada edición. Ha sido nominado a los Globos de Oro en la categoría de Mejor Drama, Mejor Película en lengua no inglesa y Mejor Actor en un drama. Además, está en la lista corta a Mejor Largometraje Internacional en los Premios Oscar de 2026.
El agente secreto es un thriller político, con todos los elementos característicos de este género; asesinos, intrigas corporativas, policías corruptos, cadáveres misteriosos, que nos presenta a Armando, un maestro que vive encubierto bajo el alias de Marcelo, y pasa sus días buscando en archivos información sobre el pasado de su madre y planeando huir del país con su hijo pequeño. Mientras su silenciosa búsqueda avanza, las calles de Brasil bailan al ritmo de la samba durante los carnavales, imágenes cruciales que nos presentan a este país.
El paso del tiempo, que no siempre sana todas las heridas
El agente secreto es mucho más que una simple historia y Kleber Mendonça Filho lleva a las pantallas de una manera inteligente y poco usual y con la desorientación como factor clave en su cine, el drama político que sufre y ha sufrido Brasil donde el ejército ha acampado a sus anchas cometiendo barbaridades y libre, al menos hasta ahora, de condena. La memoria, así de este país, no se olvida y se refleja de esta manera inusual a lo largo de la película con sus personajes y su trama. Un montaje de fotos vintage en blanco y negro, instantáneas de la vida cotidiana y fotogramas de películas, mezclando historias, lo personal y lo político, lo real y lo ficticio. La historia de Marcelo mantiene todo conectado y al factor humano en primer plano, a pesar de ese efecto que se consigue en la película de que todo está algo inconexo, como sin sentido, como zappear entre canales y propuestas delirantes en la madrugada.
Una película diferente, gratificante y vibrante que a pesar de sus más de dos horas y media de duración nos mantiene atentos, receptivos y con los ojos bien abiertos en nuestras butacas.







