Más allá de los píxeles

Un Toma 3 abarrotado fue ayer el refugio de la proyección del mediometraje Oído odio, de Diego del Pozo Barriuso, cinta que revisa cómo se articulan los discursos de odio en lo personal y en lo colectivo, nos invita a desconfiar de la aparente evidencia de las imágenes, y nos propone nuevas formas de interpretar estos discursos. Con anclajes en nuestra historia reciente como la muerte de George Floyd en EEUU, víctima de la brutalidad policial, o casos más cercanos como el de Lucrecia Pérez, Sonia Rescalvo o Ana Orantes. Oído odio analiza las texturas del odio, y cómo ciertas imágenes y estrategias utilizadas para desvelar sus mecanismos no han servido ni para hacernos más conscientes de sus consecuencias, ni para minar el malestar que nos producen. Jorge Dopacio en representación de Radio Kras, radio libre de Xixón que desde 1985 da voz a quienes no la tienen en los medios y que amadrinó la sesión de ayer, dinamizó el encuentro posterior con el público.

El odio se impregna y se contagia, y conecta con muchas formas de violencia.

La sentencia absolutoria de los policías que golpearon brutalmente al taxista negro Rodney King en 1991 tuvo como consecuencia graves disturbios. Imágenes manipuladas posteriormente del linchamiento grabado por videoaficionados y que podemos considerar uno de los primeros videos virales de la historia reciente, así como una sentencia formulada por un jurado constituido en su totalidad por personas blancas, fueron indicativos de cómo la fragmentación de imágenes condujo a una fragmentación de la justicia. 

No faltó el debate del director con un público absolutamente inmerso en la proyección. Esta película experimental, que ha pasado por el Festival de Málaga y Documenta Madrid, se apoya en un grupo de “performers “ para potenciar otras formas de escucha activa y de resistencia, según las palabras del propio Diego del Pozo. Puro MUSOC concentrado en 44 minutos.

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