El Viejo Roble, los viejos ideales…

MUSOC ha vuelto este sábado al Centro Municipal Integrado Pumarín Gijón Sur. Esta vez con la última película, El Viejo Roble, del aclamado y mítico director Ken Loach. La película, estreno en Asturias, se ha proyectado hoy por segunda vez en la XII edición de MUSOC después de haberlo hecho el pasado lunes 15 en la Casa de Cultura de Mieres. Esta tarde, 350 personas, aforo completo, abarrotaron la sala, impacientes por descubrir y por vivir una nueva aventura de solidaridad y compromiso.

Berg Janoyan, técnico de acogida temporal, representando al colectivo EAPN Asturias (Red Europea de Lucha Contra la Pobreza y la Exclusión Social en Asturias) fue el encargado de apadrinar esta proyección. Esta red aglutina a medio centenar de organizaciones sociales que trabajan de manera solidaria en la región con el objetivo de fomentar la inclusión social, luchando contra la pobreza y exclusión. Esta película, según el propio Berg, transmite lo que viven las personas refugiadas al dejar su país de origen y enfrentarse a una vida en un país completamente nuevo, en la mayoría de los casos con un idioma y costumbres absolutamente desconocidas.

El Viejo Roble, esta taberna inglesa y su dueño T.J. Ballantyne ( Dave Turner) resisten y luchan, de igual modo, contra la exclusión de los nuevos habitantes del pueblo, personas refugiadas sirias que huyen en busca de una vida mejor.

Si pierdo la esperanza, mi corazón dejaría de latir.

El Viejo Roble (The Old Oak) transcurre en un pueblo minero del noroeste de Inglaterra donde sus habitantes resisten como pueden ante la desaparición de sus minas, el único modo de vida para muchos de ellos. El pueblo decae poco a poco, las casas van quedando vacías y son pocos los que resisten. T.J. Ballantyne, el dueño de la taberna el Viejo Roble, que da nombre a la película, y protagonista de la misma, es uno de esos luchadores que resisten. Su pub se convierte así en lugar de encuentro para los habitantes; el último reducto donde tomarse unas cervezas y compartir las vicisitudes de sus vidas.

Pero la cotidianidad de su día a día se trastoca con la llegada de varias familias sirias, huidas de la guerra. Las casas están vacías, los precios son accesibles así que parece un buen lugar para empezar una nueva vida. Desgraciadamente, los refugiados no son bien recibidos por todos los habitantes de Durham que creen que su situación, cada vez más precaria, podría empeorar con su llegada. T.J. Ballantyne no duda en ayudar a Yara (Ebla Mari), una joven siria. Esta amistad no es muy bien vista por sus conciudadanos, sin embargo, nada puede hacerle cambiar de opinión.

A través de este viejo pub, último vestigio de otros tiempos mejores, y de su dueño, Ken Loach nos muestra la realidad vivida por muchos hombres y mujeres de innumerables zonas mineras, nos habla de sindicalismo y de solidaridad, de lo que fueron y de lo que ya no son. Denuncia también la intolerancia y el racismo hacia el diferente y el emigrante incluso entre estos viejos sindicalistas, gente de izquierdas, que vieron como su modo de subsistencia ha desaparecido. Existe por lo tanto un paralelismo entre la vida de los lugareños y la de los emigrantes. No obstante, la película se tiñe de solidaridad y de justicia social. El dueño del Viejo Roble no se deja arrastrar, sus ideales son fuertes, están bien arraigados y consolidados en la tierra, igual que un roble. La maleza y las malas hierbas no llegan, finalmente, a inundar el paisaje. La fantástica capacidad del ser humano de dejarse llevar por el corazón una vez más, emerge y echa raíces. El mensaje final es, pues, esperanzador: FORTALEZA, SOLIDARIDAD, RESISTENCIA

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