De generación en generación

Sin duda, la película Las cuatro hijas es perturbadora, imposible quedarte indiferente. Mientras la ves, tus sentimientos hacia los personajes que aparecen en ella van cambiando, porque todas las vidas son complejas y Olfa y dos de sus hijas nos muestran las suyas sin pudor y con un dolor que las atraviesa: la pérdida de las otras dos hijas/hermanas.

Kaouther Ben Hania empezó en 2016 a rodar un documental sobre la vida de Olfa Hamrouni y sus hijas, pero necesitaba encontrar una forma de introducir en él a quienes no estaban. La solución nos rompe los esquemas, porque la mezcla de las protagonistas reales con actrices no es lo sorprendente de la película, sino que lo rompedor es que lo que vemos casi nunca es una actuación.

Olfa tiene cuatro hijas. Eya y Tayssir aún viven con ella. A las dos mayores, Rahma y Ghofrane, se las comió el lobo.

Más allá del formato que, por supuesto, sorprende, el contenido es conmovedor. Conocemos la realidad de las mujeres tunecinas y cómo sus vidas se vieron afectadas por la Revolución del Jazmín. En Las cuatro hijas se nos muestra que las tradiciones que oprimen a las mujeres se transmiten de generación en generación… algo ya conocido, por supuesto, pero que en esta ocasión te desgarra más que otras veces, y no sabes explicar muy bien por qué. La película consigue mostrar cómo la rebeldía de la juventud se convierte en represión cuando quienes las que se rebelan son tus hijas, ¿será posible romper esta círculo vicioso?

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